HABÍA UNA VEZ…
La abeja platicaba con los grillos: No entiendo a
esas abejas, se la pasan trabajando todo el día para hacer miel ¡Qué absurdo!
Miel ¿Por qué no hacer algo más sustancioso? La miel es dulce y pegajosa, ¿Por
qué no hacer seda como los gusanos o telarañas fuertes y resistentes?
Eso de encontrar algo dulce e inmediatamente
participarlo a las otras es una tontería. Si encuentras algo para comer, te lo
comes y no lo andas compartiendo con nadie. En lugar de trabajar todo el día, deberían
salir a buscar otros territorios, a pelear contra las avispas por sus
avisperos, a adueñarse de todas las hojas del bosque o invadir los agujeros de
las hormigas y de las termitas.
De esta manera hablaba la abeja con todo insecto que
se cruzaba en su camino. Una tarde, mientras la abeja estaba distraída hablando
con un insecto palo, apareció volando un pájaro y de un picotazo intentó
comérsela. La abeja asustada comenzó a volar a toda velocidad mientras el ave
la perseguía dando aletazos y queriendo
atraparla con sus patas.
Un repentino golpe del enorme pico la hizo caer
dentro de un tronco. La última imagen que tuvo antes de quedar inconsciente fue
la de muchas de sus hermanas abejas lanzándose con el aguijón afilado en contra
del ave. al despertar estaba siendo cuidada con ternura por tres abejas que con
suavidad le colocaban gotas de miel en el cuerpo para sanar sus heridas y en la
boca para alimentarla. Al sentir la dulzura del alimento comenzó a llorar. ¡Lo lamento
hermanas, no sabía que lo dulce pudiera ser tan fuerte y sustancioso! Gracias por
rescatarme con su fortaleza y valentía. Yo soy una de ustedes y de hoy en
adelante viviré agradecida por ser una abeja.
"El mago que olvido su poder" Marco Navarro

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