Cuerpo, alma sensitiva, inteligencia. Al cuerpo,
sensaciones; al alma sensitiva, pasiones; a la inteligencia, principios. Tener
la imaginación impresionada puede suceder aun a las bestias. Verse agitado,
cual un muñeco, por las pasiones, les sucede a las fieras, a los hombres que
solo tienen de tal el nombre, a un Falaris y a un Nerón.
Saber comportarse exteriormente con buenos modales,
los ateos no lo ignoran; lo mismo que los traidores a la patria y los que hacen
lo que les parece a puertas cerradas.
Luego si todas estas propiedades son comunes a los
diferentes seres que acabo de citar, la única virtud que le queda al hombre de
bien como propia es la de aceptar y conformarse con todo lo que le sucede por
estar urdido, por decirlo así, con la trama de sus días; no ultrajar nunca al
genio divino que reside en su corazón: impedir que sea atormentado por las
múltiples quimeras de la imaginación y, en fin, conservar su benevolencia
rindiéndole modesto homenaje como a un dios, sin decir jamás ninguna palabra
que no sea verdad ni hacer nunca nada que no sea justo. Y aunque muchos no se hallen
persuadidos de la sencillez, de la modestia y de la tranquilidad de su vida, no
por eso se indigna con ellos ni se aparta del camino que conduce al término de
la vida, al cual debe llegar íntegro, tranquilo, libre y voluntariamente
sometido a la ley de su destino.

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