Hipócrates
(9),
después de haber curado a muchos enfermos, cayó a su vez enfermo y murió. Los
caldeos (10), que predijeron la muerte a no pocas personas, fueron a su
vez arrebatados por la ley del destino. Alejandro, Pompeyo y César, después de arrasar
poblaciones enteras y de segar la vida de millares y millares de infantes y
jinetes en los campos de batalla, abandonaron asimismo este mundo. Heráclito (11) murió de hidropesía y cubierto de boñiga, a pesar de sus
sabias disertaciones como físico acerca del destino final del universo.
Demócrito (12) pereció cubierto de miseria y a
Sócrates otra miseria aún peor le acarreó la muerte. ¿Qué se deduce de esto? Te
embarcaste, has navegado y llegaste hasta el final del viaje, pues sal del
barco: si es para otra vida, todo en ella estará lleno de la Divinidad, los
dioses están allí; si, por el contrario, es para entrar
en el reino de la insensibilidad, ya no estarás expuesto a los dolores y a los placeres
de hallarte ligado a ese cuerpo, que no es ni siquiera el limo del ser que encierra
y a quien obedece: porque este es un espíritu, una divinidad, mientras que lo demás
sólo es una mezcla vil de sangre impura y polvo.
(9) Médico griego, siglo V a. C., llamado
el padre de la medicina.
(10) Famosos astrólogos
y matemáticos de la baja Mesopotamia, entre los siglos VII y VI a. C.
(11) Filósofo
del siglo V a. C. Nacido en Éfeso, cuya doctrina característica se basa en el
principio de la relatividad universal.
(12) Filósofo griego
presocrático.
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